Los cambios tecnológicos que ha venido experimentando el mundo nos llevan a formular preguntas que no tienen respuestas ni fáciles ni inmediatas. Ha bajado en varios ordenes de magnitud el acceso a conocimiento especializado y utilizable que abre un par de caminos.
Emerge un patrón, o sabemos para que se utiliza el conocimiento (acá entran los creadores de productos), o conocemos el fundamento del conocimiento (acá los teóricos) y podemos desde este crear nuevo conocimiento. Por ahora no se si estos dos caminos son mutuamente excluyentes (históricamente hemos admirado a quienes pueden moverse con maestría entre la teoría y la práctica), pero sabemos que hay un trecho muy largo entre saber algo y llevar ese algo a la práctica.
El mundo se mueve con base en la novedad, y da la impresión que quien tenga un espacio de atención constante, es más relevante en su contexto. Sin embargo la novedad, por su misma naturaleza no dura y obliga a los individuos a caer en superficialidades y degradación de sus mensajes para lograr consistencia y no ser olvidado por su audiencia. Esto induce a pensar que no es saludable buscar la novedad, las buenas ideas toman tiempo en decantarse y siempre los que mejor conocen las bases del conocimiento son los que más rápidamente pueden aprovechar estas novedades. El conocimiento a nivel superficial es irrelevante y a la larga, innecesario.
¿Cuál sería la forma más rápida de aprender? El aprendizaje llevado inmediatamente a la práctica, suena más lento que solo dedicarnos a leer y absorber conocimiento, pero ya vimos que el conocimiento se vuelve cada vez más barato de obtener, pero el saber usarlo no, y usarlo de manera creativa, menos.
Existen aproximaciones banales a los cambios tecnológicos que estamos viviendo mostrando que todo cambiará, pero algo ya cambió, y es el uso de tecnología para acelerar la generación de conocimiento. Acá el reto técnico será desarrollar herramientas como IA’s que automaticen el proceso cognitivo científico de cada rama del saber, emulando el proceso mental que realizan expertos investigadores en este tema. La investigación al ser la puerta de acceso al desarrollo de la humanidad si presenta un cambio disruptivo a nivel mundial. El que quiera cambiar una ciencia, podrá pensar en desarrollar una IA que actúe cómo un investigador.
¿Cómo reaccionamos desde países en vía de desarrollo? Creatividad, creatividad y más creatividad. Los países desarrollados cuentan con una matriz productiva mucho más eficiente que la nuestra, así que iniciamos en desventaja y ellos avanzarán mucho más rápido, los países con culturas orientales valoran mucho el sacrificio en el trabajo, adaptan cambios tecnológicos muy rápido y trabajan en espacios de entre 60 y 70 horas a la semana, esto no es pensable para nuestra mentalidad. Así pues, nuestra única opción es desarrollar formas diferentes de hacer las cosas, crear nuevas formas de organización de ideas y conceptos que desafíen lo preestablecido y permitan que emerja valor de espacios que no se habían considerado previamente. No debemos olvidar que la estrategia es saber que juegos queremos jugar y cómo nos organizamos para jugarlos.
Sin embargo la creatividad para esto tiene un reto grande, no solo es aprender a ser creativos (que si, la creatividad es cómo un musculo y puede ser entrenada), sino ser creativos en una rama del saber. Esto incluye conocer a profundidad los fundamentos de la rama del saber de nuestra elección y esto va en contra de una cultura distraída y desorientada por la inmediatez y la novedad. Yo siendo el primero que ha caído en perder el tiempo con ideas superficiales, sin dirigirme al pensamiento profundo.
Nuestra única oportunidad es la extrema creatividad, la extrema creatividad de los conceptos fundamentales.
Entonces, ¿caminando a donde? A tener la capacidad de llevar nuestras ideas y aprendizajes muy rápido a la práctica, poder manejar los fundamentos del conocimiento de nuestro interés y poder dar respuestas creativas a problemas nuevos o viejos.